Me encuentro sentada aburrida en el parque, solo observando
alrededor. Entonces veo de pronto entre la gente a un joven debajo de un árbol
que con un lápiz traza diligentemente sobre una hoja de papel. Está sentado como en
otro mundo, parece que nadie lo ve, solo yo, me envuelven sus suaves
movimientos, parece que el lápiz
flotara. Me levanto suavemente de la banca y camino hacia él, espero no me vea
para no distraerlo, pero él continua. Me detengo junto a él con cierta distancia
y veo la magia dibujándose frente a mí. Mi presencia no le perturba en
absoluto, y me vuelvo parte de su silencio, observando cada movimiento pero por
mí distancia no distingo bien la imagen, solo veo sombras, líneas, de pronto el
chico voltea de la nada, me mira y me dice: es para ti. Me sorprendo, pero veo al
instante el dibujo y soy yo sentada en la banca.
Hoy me topé con una escena más de la vida diaria, la cual me trajo algunos recuerdos gratos de la niñez junto a mi hermana mayor Carmen, todo esto ocurrió gracias a que este día estuvo lluvioso y por consecuencia el clima que había estado bastante cálido en días anteriores refrescara de una manera de lo más sorpresiva, y ya que yo resido en un lugar donde días así son escasos, salí a disfrutar de el viento fresco, me recargué en la cajuela del auto aprovechando que la lluvia había cesado un poco, habiendo dejado ese bello aroma a tierra mojada en el ambiente. Desde ese punto observaba la calle cuando de pronto un par de niñas salieron de una casa de la acera de en frente a jugar. Al principio no preste mucha atención hasta que escuché un taconeo extraño, entonces voltee y pude ver lo que pasaba, ese par de niñas de unos 6 ó 7 años de edad habían tomado los bolsos de sus madres y se habían puesto también sus zapatillas, las cuales obviamente eran muy grandes para sus pequeños pies y...

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