Me fue concedido por un día el viento poder controlar, no sé hacia donde lo debería de enviar o si tal vez conservarlo mejor será, se encuentra encerrado dentro de una cajita de cristal donde se ve la fuerza que tiene en el interior, lo conozco y lo desconozco, a veces violento e indomable, otra veces calmo y acariciante, el zumbido hace vibrar las paredes y lo siento cosquillear en las manos. Tengo miedo de abrir la caja y dejarlo ir, no sé si volverá, desaparecerá o se transformará. Y si lo dejo ir, empiezo a pensar ¿cuántos árboles con su vaivén hará danzar? ¿Las flores le amarán o le temerán? ¿Hará a sus pétalos temblar o solo los arrullará? ¿Acaso cálido el sol lo volverá o la luna gélido le tornará? Creo que las aves agradecidas le sentirán por hacer a sus bellas alas descansar de su fatigoso volar. Sé que dejarle ir es lo que debería hacer, aunque la caja vacía se quede, porque tiene el poder de hacer este día diferente, solo por el hecho de existir, negarle la libertad sería un crimen. Abro poco a poco la cajita para dejar que se vaya lentamente sin daños causar, hasta que algún día volver quiera. Oh! Viento, quisiera ser libre como tú y viajar contigo, ver lo que tu vez y sentir lo que tú sientes, pero yo soy solo una mortal y solo puedo imaginar hacia dónde te dirigirás, pero algún día lo he de intentar cuando por fin pueda este cuerpo mortal abandonar, vendrás por mi y juntos podremos volar hacia esa prometedora y ansiada eternidad, pero por hoy he decidido que libres serás.
Me encuentro sentada aburrida en el parque, solo observando alrededor. Entonces veo de pronto entre la gente a un joven debajo de un árbol que con un lápiz traza diligentemente sobre una hoja de papel. Está sentado como en otro mundo, parece que nadie lo ve, solo yo, me envuelven sus suaves movimientos, parece que el lápiz flotara. Me levanto suavemente de la banca y camino hacia él, espero no me vea para no distraerlo, pero él continua. Me detengo junto a él con cierta distancia y veo la magia dibujándose frente a mí. Mi presencia no le perturba en absoluto, y me vuelvo parte de su silencio, observando cada movimiento pero por mí distancia no distingo bien la imagen, solo veo sombras, líneas, de pronto el chico voltea de la nada, me mira y me dice: es para ti. Me sorprendo, pero veo al instante el dibujo y soy yo sentada en la banca.

Esta entrada ya se la había comentado, pero Me encanta, Sabe?, esta esta muy deliciosa! creo que oculta un extremo potencial. Comienzo a sentirme pequeño jejeje! Saludos!!
ResponderEliminarHola Claudia, un placer leer palabras sencillas salidas del alma... todas ellas parecen contener un algo que no sabría definir...
ResponderEliminarSuenan frescas y sinceras, gustan...
Un saludo.